
Hubo noches en que lloré al cielo, sin entender tu voluntad. Yo veía puertas que se cerraban, Tú veías un nuevo despertar. Caminé perdida en el desierto, con el corazón lleno de temor, y aunque no entendía tus caminos, nunca me soltaste, Dios. Hubo lágrimas que nadie vio, heridas que aprendí a esconder, promesas que se hicieron polvo, y sueños que tuve que perder. Yo pensé que estaba sola, pensé que todo terminó, pero en medio de mis ruinas Tu mano nunca me dejó. Y hoy lo puedo ver, aunque antes no lo entendía: Tú estabas escribiendo cuando yo solo veía heridas. Tú movías cada pieza sin dejarme caer, yo lloraba por lo perdido, Tú me enseñabas a creer. Si no entiendo, confiaré. Si no veo, esperaré. Porque Tú conoces el camino, y en Tus manos descansaré. Después de tantos inviernos, cuando dejé de preguntar, llegó a mi vida un hombre que supo quedarse y cuidar. No llegó como una tormenta, llegó como calma al corazón. Y donde antes hubo lágrimas, Dios puso refugio y amor. Él cuida mi espalda cuando no puedo mirar atrás, me sostiene cuando tiemblo, y si caigo, me levanta una vez más. Y quizá todas aquellas pérdidas tenían que dejarme llegar hasta las manos que Dios guardaba para enseñarme otra forma de amar. Porque ahora puedo mirar atrás sin volver a llorar por lo que fue. Cada puerta que se cerró me acercó un poco más a Él. Y hoy lo puedo ver, aunque antes no lo entendía: Tú estabas escribiendo cuando yo solo veía heridas. Tú movías cada pieza sin dejarme caer, yo lloraba por lo perdido, Tú me enseñabas a creer. Si no entiendo, confiaré. Si no veo, esperaré. Porque Tú conoces el camino, y en Tus manos descansaré. Ahora, cuando mis planes cambian y el futuro no puedo ver, ya no reclamo al cielo por lo que no puedo comprender. Solo levanto mis ojos y vuelvo a recordar: Tú conoces el tablero. Tú conoces cada paso. Tú conoces mi mañana mucho antes que yo. Yo solo veo una pieza caer. Tú ves la partida completa. Yo solo conozco este momento. Tú conoces la historia entera. Por eso, si vuelven las tormentas, si vuelve la noche otra vez, no temeré lo que no comprendo. Dios, yo confiaré. Porque ya aprendí que algunas pérdidas eran protección, que algunos finales eran caminos, y que algunas lágrimas eran semillas de una nueva canción. Así que mueve las piezas, Dios. Aunque yo no entienda el porqué. Cierra las puertas que tengas que cerrar. Abre las que me lleven a Tu voluntad. Yo no necesito conocer el final para seguir caminando. Solo necesito saber que Tú vas delante de mí. Y si alguna vez vuelvo a caer, sé que no caeré sola. Porque Tus manos me sostienen, Tu amor me acompaña, y aunque no pueda ver la siguiente jugada... Tú ya conoces la partida. Y yo, por fin, aprendí a confiar.
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